Crónica de una innovación anunciada, by @paquitanuno

Como en el libro de Gabriel García Márquez, ya sabíamos desde el primer minuto el argumento de Novagob 2017: congreso multitudinario sobre innovación pública donde se iban a dar cita empleados públicos de lo más selecto reunidos en una cuarta edición cargada de ideas originales, en la forma (por la propia presentación y dinamización de sesiones y ponentes, aderezada por el incomparable marco de la isla de Tenerife) y en el fondo (elevado caudal de conocimiento en estado puro con muchos y excelentes profesionales).

Pero a diferencia de la trama de la magistral obra de Gabo, Novagob 2017 supone la crónica de un rotundo éxito que año a año se ha ido afianzando hasta convertirse en el congreso iberoamericano de innovación por excelencia.  

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Han transcurrido ya dos semanas desde la clausura del congreso y el aluvión de conocimiento que Novagob 2017 nos ha proporcionado no deja de multiplicar su valor, aliado con el reconocimiento de aquellas grandes obras en las que el paso del tiempo las premia con el lugar que merecen en el pensamiento humano y donde las ideas compiten entre sí por conseguir el mayor reconocimiento a la más innovadora, brillante o cautivadora.

Pero no me pidáis que elija entre todas ellas. Me siento incapaz de elegir entre tanta innovación retenida en más de cien intervenciones, a cual de más valor. Era la primera vez que asistía y mis expectativas se han visto superadas. Acostumbrada a poca creación, de repente el virus innovador inoculado por Novagob 2017 (como diría Susele Cortés) se ha extendido por mi cuerpo y ya no volveré a ser la misma. He sido contagiada de entusiasmo innovador, tal y como tuiteé el último día de sesiones, y gracias a ello soy capaz de sentir esa ventana fresca que se abre, esa alegría del trabajo diario en creación (parafraseando a Fernando Monar) que de forma natural se ha instalado en mi profesión convirtiéndose en una filosofía de vida (como diría Máximo Fraile).

Han pasado dos semanas desde la clausura del Congreso y no dejo de pensar qué puedo hacer para mejorar el servicio público que mi institución presta. Y es que, queridos lectores, eso es innovar: mejorar con intensidad todo lo público que tenemos a nuestro alrededor generando valor y respondiendo a esa vocación de servicio que nos impulsa al cambio. Máximo Fraile, Concepción Campos, Fernando Monar, Miguel de Bas o Manuel Serrano lo reiteraron hasta la saciedad.

Quisiera impulsar el cambio desde dentro como nos enseñó Vanesa Vilaseca. Me gustaría divulgar entre algunos directivos de mi institución las verdades y mentiras de la innovación, proyectando el magnífico video de Concepción Campos. Me encantaría poder publicar en mi tablón de anuncios, aún no electrónico, los diez mandamientos de Máximo Fraile para generar valor público, y resaltar los dos de cierre: “amarás a los ciudadanos sobre todas las cosas” y “al dinero público como al tuyo mismo”. ¿Cómo podría “agitar antes de usar” los cerebros de algunos de mis superiores para que nos dejaran vía libre para innovar o para aprobar un Erasmus de funcionarios entre Administraciones españolas y poder “aprehender” desde la iniciativa propia (Rodrigo Martín) con un nuevo benchmarking?, tal y como lo planteó nuestra querida Concepción Campos. Daría lo que fuera por abrir la mente de esos directivos, eliminar tabúes a la innovación, cuestionar todo lo que nos rodea y extender la “innovación libre”, sin prejuicios de edad, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición, dejando claro que nuestro Derecho no sólo nos permite sino que nos exige innovar para anticiparnos a las necesidades de los ciudadanos, como el grupo encabezado por Borja Colón nos hizo ver. Innovar o morir, se acabó el dilema.

Pero Novagob 2017 me ha enseñado mucho más: la innovación es un regalo y es posible dejarse impresionar gracias a Ana Báez, paradigma de la belleza creadora y originalidad en el trabajo público; se puede innovar con el lenguaje creando “exaptación” y “exaptadores”; el virus innovador trasciende fronteras e Iberoamérica también está afectado por la epidemia; hay auténticos profesionales de la innovación: primero, las iniciativas premiadas en una nueva edición de este año, dirigidas por magníficos empleados públicos españoles e iberoamericanos entregados a la causa y merecedores de dicho reconocimiento (encabezados por Rafa Camacho y Yokasta Guzmán); y segundo, “un grupo de cuatro chalados” que decidieron poner en marcha un proyecto que no deja de crecer y que ya es referente innovador: Ana, Borja, Sara y Fermín sois un ejemplo para muchos, no sólo porque demostráis que “la innovación es un viaje colectivo”, de la cual “se habla mucho pero no se aplica”, sino porque convencéis de que “innovar es responsabilidad del empleado público” y de que es necesario pasar a la acción porque “si crees en algo, créalo”.

Rafa Ayala nos demostró la importancia fundamental de la cocreación en la innovación y participación; Roberto Magro nos habló del libro en cuya elaboración ha colaborado de manera relevante (“Guía de Datos Abiertos”, publicado por la FEMP) y nos convenció de que “cada uno de nosotros sumamos, entre todos multiplicamos” en datos abiertos y transparencia; Alorza nos fascinó con el concepto de Buen Gobierno y su esquema de piezas que lo componen; Joana Miñarro nos enseñó con maestría que se puede innovar con el teletrabajo superando el prejuicio de la esencia mediterránea; Mª José Suasi y Ana Gutiérrez nos mostraron otra forma de gestionar conflictos y Recursos Humanos: la selección por competencias y la evaluación del desempeño como auténticas ideas innovadoras hechas realidad…

Aprendí, también, que existe otra forma de hacer congresos: Novagob es innovación en estado puro: grupos de discusión previos, “desafíos en 10”, grupos de discusión presenciales, paneles plenarios y alternativos, conferencias magistrales, narración mediante “visual thinking” bajo el arte de Julia… Nunca antes había asistido a un congreso tan dinámico, instructivo y divertido: por el concepto y la temática (¿innovar?), por sus sketchs (me quedo con las “conflusiones finales con humor”), o por conseguir reunir a magníficos innovadores públicos (con permiso de grandes ausentes como Víctor Almonacid, Amalia López Acera o Fermín Cerezo) y enganchar a tantísimo asistente.

Gracias Nacho Criado, Julián Villodre, Paco Rojas y Encarna por vuestra maestría y originalidad. Enhorabuena.

Novagob, en fin, me ha demostrado que no estoy sola. Que existe un club del innovador público y otro de la innovación que premian con gran razón la trayectoria de “viejos rockeros”. Que la participación es posible y se puede articular. Que existen “incubadoras locales de innovación” (preguntad a Manuel Serrano o Fernando Monar) y que cualquiera de nosotros afectados por la epidemia innovadora podemos y debemos fomentarlas en nuestro ámbito profesional.

Regreso a Madrid convencida de que la innovación es posible e imprescindible y que no debemos rendirnos. Somos muchos los que tiramos de este tren.

Pero por encima de todo he aprendido que el verdadero éxito de un congreso se mide por las personas que lo componen y comparten. Si por algo me ha merecido la pena acudir a Novagob 2017 ha sido por esas personas con las que he tenido la inmensa fortuna de compartir conocimiento, aprendizaje, experiencias y diversión. Y no sólo por los valiosos profesionales con los que he intercambiado impresiones originales sino por la amistad que ya con algunos de ellos me une para siempre: Mercedes, Ana, Joana, Luz, Beatriz, Susele… Por ellos y por la INNOVACIÓN nos vemos en Novagob Toledo 2018.

Gracias a Innovación on Tour por ofrecerme la valiosa oportunidad de colaborar con vosotros.

Paquita Nuño

Innovadora “in progess”

#reporteroxIOT #NOVAGOB 2017

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